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jueves, 21 de julio de 2011

El cruce de nuestras miradas.

Noche de otoño. Caminando por la calle preferida de mi pueblo, un cruce. Ese cruce que tiene casas , casas con fachadas blancas y amarillas, árboles tan verdes como el color de un limón nada más nacer, farolas con luces tan incandescentes que cuesta mirarlas, con la calzada romana más perfecta que nunca he visto. Estaba triste, así que, al salir del cruce encontré el parque de Las Fuentes. Me tumbé en el césped, y, poniendo mis manos en mi frente, comencé a llorar. Así pasaron los segundos y minutos, hasta que escuché una voz de un chico que decía: ' ¿Qué te pasa pequeña? '. 
Pasé de abrir los ojos, pero noté que él se tumbaba poco a poco a mi lado, me rodeaba son sus brazos y me besaba la mejilla. Entonces, aparté mis manos de la frente y le miré. Ese fue el primer cruce de nuestras miradas.
 En su mirada encontré lo que siempre quise. Era el chico más perfecto que mis ojos jamás habían visto.  Yo seguía llorando , pero el me apartó las lágrimas de mi cara, y me dedicó una sonrisa. Paré de llorar, con la boca abierta. Me apartó el pelo de la cara y lo recogió tras mi oreja izquierda. Sonreí. En aquel momento me di cuenta de que mis labios necesitaban a los suyos y que los suyos necesitaban a los mios. Empezó a mirarme, a acercarse a mí y me besó. Le pregunté su nombre, se llamaba Aitor. Hoy, meses después, seguimos compartiendo cruces de miradas. 
Y, desde entonces, el cruce de mi pueblo ya no es mi preferido, ahora tengo otro, el cruce de nuestras miradas.

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